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Gobierno de Coacalco de Berriozábal

Conoce Coacalco

Decir que no hay materia para la historiografía local
no pasa de ser una pedantería urbana, o si se quiere,
académica. No es de tomarse en serio el dicho de
que en las comunidades pequeñas y un tanto
aisladas “nada ha cambiado desde Hesíodo”
Luis González y González, Pueblo en vilo

Mural

Al norte del Valle de México se localiza un lugar lleno de historia, tradiciones, costumbres, sabores, olores y leyendas: Coacalco de Berriozábal, la “Casa de la serpiente”. En este sitio ancestral transitaron, durante la época prehistórica, monumentales mamuts, cazados en su momento por primitivos humanos que, a pesar de ser nómadas, construyeron pequeñas aldeas en las laderas de la Sierra de Guadalupe. En la época prehispánica, este lugar se convirtió en un sitio sagrado y de culto, con el imponente cerro Cuauhtépetl, o “del águila”, y el pequeño Xóloc, luego bautizado Ave María.

Culturas centenarias como los toltecas, teotihuacanos, chichimecas y mexicas, hicieron de esta tierra fértil su hogar, pues durante aquella época uno de los cinco lagos que componían la cuenca de México, el de Xaltocán, irrigaba las tierras de este pequeño, pero importante señorío. El encuentro de dos mundos traería consigo vientos de cambio y reinterpretaciones de la realidad; nuevas cosmovisiones entre europeos y mesoamericanos a partir de la expedición de Cristóbal Colón en 1492. Tras la dolorosa conquista armada, vino la conquista espiritual, que trajo consigo la evangelización de los pobladores de estas tierras. Este proceso estuvo a cargo de la orden franciscana, que edificó, hacia finales del siglo xvi, una bella parroquia dedicada precisamente al santo de Asís, cuya fiesta es el 4 de octubre. En ésta se pueden apreciar elementos del bello arte tequitqui en los arcos de lo que fuera su capilla abierta, comulgando con un atrio que era camposanto y un interior sobrio con un órgano tubular barroco que remata su coro.

Ese mismo siglo traería consigo también el temible cocoliztle, epidemia que obligó a congregar a los barrios del antiguo señorío en tres pueblos originarios: el ya citado San Francisco Coacalco, La Magdalena Huixachitla “En el huixachal” y San Lorenzo Tetlixtac “En la piedra de sal”, locativos que entierran su raíz en un pasado místico, reflejo de su entorno. En La Magdalena se encuentra una pequeña iglesia (cuya festividad es el 22 de julio), que en su interior resguarda una de las representaciones más bellas del Arcángel Barachiel, atribuida al afamado pintor novohispano Cristóbal de Villalpando, traída a este pequeño templo probablemente a finales del siglo xix.

Otro templo importante es el San Lorenzo. A pesar de que el templo de San Lorenzo fue reedificado en el siglo xx por el deterioro que presentaba, hoy en día aún se pueden apreciar en su interior algunos óleos decimonónicos. La celebración de su santo patrono se realiza el 10 de agosto. En este mismo pueblo se puede visitar el Museo del Mamut, el cual conserva la osamenta de uno de aquellos enormes mamíferos del pleistoceno.

Las mercedes de tierras que se conjugaron con encomiendas –y que nos vincularon con municipios ahora vecinos– muy pronto se transformaron en grandes haciendas y ranchos, donde se cultivaban diversos productos agrícolas que alimentaban a la región, a la par de una vasta producción ganadera. Uno de los itinerarios culturales más importantes que pasaba por estos lares durante la época virreinal y el México independiente, era un ramal del Camino Real de Tierra Adentro, cuyos trazos aún se conservan en algunas calles de la cabecera del actual municipio. Éste fue erigido en 1862 por iniciativa de Manuel Alas Sardaneta, firmando el decreto Felipe Berriozábal.

Al erigirse el municipio en la segunda mitad del siglo xix, se edificó también la sede del Ayuntamiento, el primer palacio municipal, que hoy funge como Casa de Cultura. Hacia los años ochenta del siglo xx, la nueva sede de los poderes municipales fue construida a unos pasos de la parroquia de San Francisco. En su interior pueden admirarse murales del afamado artista Ariosto Otero, quien plasma en ellos la epopeya del pueblo mexicano en simbiosis con la del pueblo coacalquense.

La urbanización del siglo xx trajo consigo nuevos pobladores que adoptaron este municipio como su hogar, así como lo hicieron migrantes de otras nacionalidades durante el siglo anterior. Fraccionamientos, unidades habitacionales, condominios y colonias, se sumaron a los pueblos ya establecidos, haciendo de Coacalco de Berriozábal uno de los municipios con la infraestructura  y los servicios más sobresalientes a nivel nacional. Asimismo, resalta por su alto porcentaje de alfabetización y sus numerosos centros educativos. La actividad comercial de este municipio es de las más importantes en el norte del valle de México, pues concentra un gran número de plazas que ofrecen servicios de entretenimiento y productos de primer nivel, fungiendo como puntos de reunión de las familias coacalquenses que propician la sana convivencia social.

Así, tradición y cultura se mezclan, creando un entorno rural y urbano peculiar. Esto, a su vez, forma patrimonios endémicos, como las fiestas del municipio (la del atole, por ejemplo); los recorridos por sus zonas ecológicas en las laderas de la Sierra de Guadalupe para observar luciérnagas en época de lluvias, o el resguardo de su memoria histórica documental en el Archivo Municipal, que atrae a investigadores para el estudio regional. Con respecto a esto último, es importante mencionar que Coacalco cuenta con su propio códice, cuyo original se encuentra en la Universidad de Tulane en Estados Unidos, aunque en el repositorio histórico municipal se cuenta con un facsímil certificado. Ahí también se resguardan otros tesoros documentales que son testimonio de la transformación de una localidad que encuentra en cada uno de sus habitantes su mayor patrimonio.

Visitar Coacalco de Berriozábal se volverá una experiencia única, llena de secretos, leyendas e historia, que te invitará a regresar o formar parte de su entorno.

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